sábado, 4 de julio de 2009

Desde mi ventana






Ahí están esos edificios que me rodean, me encierran, me aprisionan. Es lo que veo por mi ventana. Lo del encierro es casi literal, pues debido a la lesión aún no me animo a salir a correr así sea al Parque del Este y menos al cerro. Si bajo la vista puedo ver el display donde alternativamente se van mostrando algunas cifras: TIME, SPEED, DIST, CAL . Y van apareciendo: 5:00, 9.5, 0.9, 18. No uso pulsómetro, pero siento que para apenas 5 minutos de estar montado en esta cosa tengo las pulsaciones muy altas, y lo que es peor: mis cuadriceps parecen estar haciendo esfuerzo. Como es posible que en apenas 10 semanas de inactividad física deportiva mis condiciones hayan mermado de tal forma? Compruebo que el teorema que dice “A mayor edad más rápidamente se pierde la aptitud física” es completamente cierto. Creo que en los últimos 20 años no había estado tanto tiempo sin hacer ejercicio, y por lo tanto aquel teorema no pudo tener demostración fehaciente, si bien debido a ocasionales paradas de 2 o incluso 3 semanas ya tenía indicios de que esto era así. Ahora bien, está la otra parte de ese teorema: “ A mayor edad más lentamente se recupera la aptitud física”. Esta parte, si bien creo que es cierta, también por haber tenido indicios previos, espero que no sea tan concluyente, o por lo menos no sea TAN lentamente. Inclusive hay un corolario que dice: “Después de cierta edad la pérdida de aptitud física es irreversible”. Debe ser cierto, pero espero que esa “cierta” edad no sean 55 o 56 años si no mucho más. Mientras más mejor.





15:00, 11.0, 2.8, 58. Levanto un poquito la vista y por sobre los edificios, algo de verde aparece. Sí, es el Avila, presencia eterna, indiferente a las vicisitudes de nosotros, pequeños seres que de vez en cuando nos atrevemos a hollar su grandeza y equivocadamente, a veces, pretendemos haberlo conquistado, sin darnos cuenta que el hecho de coronar un pico o 2 o 3 o 5, es apenas un tributo a la madre tierra, un acto de comunión con la naturaleza, y debido al esfuerzo un reconocimiento de nuestra pequeñez. Extrañamente percibo tener las pulsaciones más bajas que hace 10 minutos y ahora más bien parezco flotar sobre las plataformas de esta cosa. Tal vez sea la música, es que cualquiera se eleva a los 15 minutos de estar escuchando por los audífonos Shine on your crazy Diamond de Pink Floyd, o será que ya la droga empieza a surtir efecto. No piensen mal, es la droga natural: las endorfinas que seguramente mi cuerpo empieza a segregar. O tal vez es que recién los músculos empiezan a “recordar” el funcionamiento ejercitativo. Recuerdo que en alguna parte leí que existe una especie de “memoria muscular”.


30:00, 11.8, 5.8, 118. Veo que la velocidad la he incrementado, y sin embargo no percibo estar haciendo mayor esfuerzo. Ahora después de un poquito más de Pink Floyd (Comfortably Numb), cambio a algo más enérgico, aunque igual de viejo: Highway Star de Deep Purple, la versión en vivo del album Made in Japan. Guao, con este tema, no vuelo, me catapulto al espacio, soy un cohete. Y que bueno es sentir nuevamente el sudor corriendo por todo el cuerpo, como si con la transpiración se fueran también los dolores, las preocupaciones y el pesimismo.




40:00, 12.3, 8.2, 152. Que bien, aún tengo más velocidad, y si estuviera corriendo, o en una bicicleta, diría que voy cómodo, pero el caso es que en esta cosa no voy a ninguna parte. Permanezco estático en la misma habitación y al lado de la misma ventana, pero esta vez me permito mirar más arriba y ahí en la distancia, se muestra altivo, gallardo, el Pico Naiguatá.




Y girando la vista a la izquierda el pico Oriental. Por un momento parece que me llaman, que me invitan nuevamente a la comunión. Todavía moveré brazos y piernas por 10 minutos más, tiempo suficiente para escuchar Smoke on The Water del mismo album de Purple y The Unforgiven III y Suicide & Redemption del último album de Metálica, Death Magnetic, terminando duro, rápido, fuerte, y recuerdo un lema que, por moda, ingenuidad o candor político me gustaba pronunciar junto con amigos de la universidad, autonombrados de izquierda y añorando las “hazañas” del derrotado y muerto Ché: ¡Volveremos a las montañas!. Volveremos, sí señor.

sábado, 16 de mayo de 2009

La inacción produce cuentos viejos

Tras mi regreso del Roraima, han pasado unas semanas durante las cuales he pasado por diferentes estados de ánimo, que van desde la desesperación, hasta el saludable optimismo. Todo debido a la evolución de la lesión de tobillo. En las primeras 2 semanas la evolución fué bastante buena, pues la inflamación fué cediendo gradual pero contínuamente, aúnque obviamente casi no podía pisar con ese pie, y caminaba con una cojera que creo que a ratos era exagerada, seguramente por el temor inconsciente de lastimarme. Las siguientes 2 semanas, una vez que la inflamación había cedido en gran parte, en el empeine y en la canilla, empecé a hacer sencillos ejercicios que promueven la movilidad de la articulación, con diferentes sensaciones: unas veces sentia un gran alivio después de hacerlo y otras veces más bien me sentía mas lastimado. Traté de empezar a caminar sin cojear, cosa que podia hacer por momentos sí y por momentos no.

Para no quedarme completamente inactivo, hace una semana desempolvé un viejo perchero de marca ORBITREK, y recordé que su uso primario es para hacer ejercicio. Primero por 15 minutos, y poco a poco hasta 45 minutos. El Domingo pasado me monté en la bicicleta y salí a dar una vuelta en la cota mil. Con más miedo que dolor hice el trayecto en poco más de una hora, con buenas sensaciones en general, aúnque notando mucha rigidez en los tendones de la rodilla para abajo, que supongo poco a poco irá cediendo. Me preocupa que aún tengo inflamación y dolor justo encima de lo que creo es el ligamento peroneo - astragaliano anterior. Tendré que hacerme otra evaluación y espero que no sea ninguna complicación. Mientras, mañana domingo volveré a la Cota.

En vista de esta inacción, y copiando la idea de Félix de rescatar cuentos viejos, aquí va uno: De cómo en mi primera carrera me monté en lo más alto del podio, y de paso, por única vez en mi vida, obtuve un premio en metálico.

Allá por el año 1990 yo le prestaba servicios en el área de telefonía a la Compañía anónima Venezolana de Navegación (CAVN). Tenía algunos años ya en eso y me conocía prácticamente con todo el personal de la empresa. Parecía un empleado más de CAVN.

A esas alturas de mi vida yo había descubierto (tal vez tardiamente) que me gustaba y me hacía bien hacer algo de ejercicio. Había pasado de ser un completo sedentario, bebedor consetudinario de viernes a domingo y, por que no si se presentaba la ocasión, también de miércoles... o jueves...o...bueno cualquier dia que termine en "s" o en "o", a ser menos sedentario, bebedor consetudinario, tal vez de viernes y sábado, pero que hacía algo de ejercicio: alguna vez en la mañana una trotadita en Parque del Este, un sábado algun paseillo con la familia por el ávila y los domingos alguna rutica ciclista urbana, generalmente con mi cuñado y algunos amigos no precisamente deportistas. Me sentía mucho mejor tanto física como anímicamente y, una cosa lleva a la otra, empecé a hacer alguito más de ejercicio: 3 vueltas al parque en lugar de 2, tratar de hacer una vuelta más rápido que la otra, empezar a competir con los amigos en las rutas de la bicicleta, hacerlas más largas, más difíciles, en fín entré en un círculo virtuoso. Pero...Competir? no estaba en mis planes. Creía que la gente que corría maratones, eran todos deportistas consumados, que los triatletas eran una especie de super dotados, y no tenía la más mínima idea de tiempos, distancias, velocidades, ritmos, etc. Si alguna vez en alguna conversación surgía el tema de una carrera, me daba lo mismo que alguien dijera que hizo una carrera de 5 k y otro se refiriera a una de 21 k, por ejemplo. En fín, me gustaba hacer ejercicio, pero lo de las carreras era otra cosa. No creía que eran para mí, aparte de eso ya tenía más de 35 años y suponía que las carreras eran para chamos.

Entonces, CAVN organiza una carrera de 12K, por su no sé cuantos aniversario. Yo no le paro por supuesto. Dije que tal vez iba a verla, mas que todo por compartir con el personal que estaba de fiesta.

El sábado anterior a la carrera, estando en el parque, me consigo con Jaime, uno de los empleados de CAVN que estaba también terminando de trotar. Sabia que él habia corrido varios triatlones, así que ya saben la idea que tenía de su persona. Me pregunta si me inscribí en la carrera, y al saber que no, me reprocha y me dice que lo debería haber hecho pues me ve condiciones. Yo pienso que, total igualito ya las inscripciones están cerradas, pero resulta que este era uno de los organizadores de la vaina y me dice que me va a inscribir , en la categoría EMPLEADOS. Me dice que de una vez vayamos a retirar el número y la franelilla, y en su mismo carro nos vamos. Me pone al tanto de de la ruta, y me dá algunos tips. Me entero que en esa categoría nada más estaremos 5 , y me dice que trate de ir siguiéndole el paso al que él consideraba era el más debil de los otros cuatro. Obviamente se consideraba ganador seguro.

Con tremendo rollo en mi cabeza, casi ni pude dormir. Será que tengo que ponerme obligatoriamente esa franelilla que me queda grande?... Me pedirán la cédula al empezar la carrera?... Si llego a pararme en algún momento estará a mi lado un comisario descalificándome y haciéndome pasar pena? Y si todos me dejan atrás y tomo otro camino distinto a la ruta?, Me perderé?...y si me dan ganas de ir al baño?..En fin esas y otras preguntas acudian en tropel a mi pensamiento.

Llegó el domingo y tal como me recomendó Jaime estuve una hora antes de la partida. Menos mal que era en la sede de la empresa y había baños disponibles por todo lado. Los tuve que usar 2 veces. Entre los 5 competidores estaba Faustino, un muchacho con el cual había subido unas cuantas veces a La Julia y al Mirador, y que puestos a competir yo le había ganado algunas veces. Así que ya tenía por lo menos un parámetro por el cual guiarme. Según Jaime, Faustino podia ser el tercero en la categoría.

Partida. Me quedo alelado al ver lo duro que salen todos. No habían muchos corredores, tal vez unos 200. Salgo tal como empezaba mis trotes en el parque: bastante lento, pero subiendo paulatinamente el ritmo hasta alcanzar mi "velocidad de crucero". La ruta era saliendo de la sede de CAVN en la Rómulo Gallegos a la altura de Los Ruices, Fco. de Miranda hasta Chacaito, Las Mercedes, Chuao, Rio de Janeiro, salida hacia Caurimare, vuelta en U a la altura de la clínica que esta por ahí, principal de los Ruices y llegada a la sede.

Después de arrancar, no veo a ninguno de mis competidores, supongo que todos están bastante adelante. No me preocupo, no tengo ningún objetivo, tal vez llegar a la meta. Veo que hay gente que trota a mi lado al mismo ritmo que yo y parecen de lo más felices. A la altura de Parque Cristal creo que ya alcancé mi velocidad de crucero y ahí debo mantenerme. Sigo pasando gente y me preocupa pensar que tal vez estoy muy rápido, pero me siento cómodo y sigo. Llegando a torre Europa me sorprende ver justo delante mío al que supuestamente debía ser cuarto. Va super lento, creo que ya estaba fundido, lo saludo y lo paso. Que bién, estoy cuarto. Apenas estoy procesando ese pensamiento y... zas le veo la espalda a Faustino. También va más lento que yo, me dice algo de unas ampollas, los zapatos y no se que más. Me le voy, pero sin apretar, al mismo ritmo con el cual vengo desde atras. Coño, estoy tercero, y ahora?... tengo que subir al podio?...el super tímido que siempre fuí verse ahora expuesto a ese poco de gente, que de paso son todos o la mayoría conocidos, casi compañeros de trabajo....que vaina. Pero ni modo que empiece a quedarme, si estoy bien, me siento bien. Y así, sumido en mis cavilaciones, casi sin darme cuenta llego a la salida de Caurimare y me parece que esa subida va a acabar conmigo, pero menos mal es corta. Vuelta en U y a bajar. Alguien dice que faltan menos de 2 k y empiezo a tener la certeza de que sí llegaré a la meta y que sí estoy tercero y que sí subiré a ese temido podio. Paso sobre la autopista y empieza la subida. Seguí al mismo ritmo, sorprendido de ver que aún subiendo podía mantenerlo. Ya se vé el elevado de Los Ruices en la Fco. de Miranda, ya sólo faltan como 5 cuadras para la meta y de pronto veo unos 4 metros delante mio la espalda de Jaime. Va casi al mismo ritmo mio, me le voy acercando con cada paso. Pasamos casi juntos por debajo del elevado. Pienso: qué lástima con el pana, está segundo, pues como yo no ví al que supuestamente iba a ser segundo, seguramente está más adelante. Me emparejo con Jaime y hablamos. Se sorprende de verme y me dice que él va de primero. Seguro por estar pensando en pajaritos preñados pasé al supuesto segundo y no me dí cuenta. El comienza a apretar un poco el paso y me dice - dale Luis-. Pienso que no podré pero lo hago y sigo su paso pisándole los talones. Pasamos así la Rómulo y queda subir una cuadra corta, girar y a 30 metros la meta. A mitad de la cuadra subiendo Jaime me dice - dale con todo- y comienza su remate. Yo lo sigo y al dar la curva lo paso y llego a la meta primero.




Tiempo: 1H flat. Posición: 1° categoría empleados. Premiación: trofeo, bolso deportivo y 10.000 Bs. de los viejos.

Conclusión: Puedo competir en carreras, no estoy viejo para eso, hay categorías para todos.

Consecuencias: Empecé a entrenar. En forma autodidacta. Mi guía: La revista Runner's World. Empecé a sacarle el cuerpo a las farras, rochelas y fiestas: "Mañana tengo competencia", o "me comprometí con unos amigos a salir a entrenar temprano", o a veces entrenaba 2 veces en el dia y que ganas quedan de rumbear?.

Esa carrera no se volvió a hacer más nunca, la CAVN no existe hace mucho tiempo y casi no tengo recuerdos de élla, pero este sí que vale la pena. Me cambió la vida.

sábado, 25 de abril de 2009

La aventura del Roraima

Como ya escribí en una entrada anterior, el dia 4 de Abril, junto con mi hija, su novio y 4 amigos salimos de Caracas rumbo a Santa Elena de Huairén, donde nos esperaba el señor Roberto Marrero, director de Mystic Tours, empresa con la cual habíamos previamente contratado el tour al tepuy Roraima.

Desde la primera vez que visité la Gran Sabana me había picado el gusanito de subir algún dia a alguno de los tepuyes. Averiguando posteriormente supe que el más accesible, pero también el más alto y uno de los más grandes en extensión es el Roraima. Así pues, quedó como un deseo latente hacer la excursión a este sitio, pero dado lo lejos que queda de Caracas, el temor que sentía cuando me decían que son 6 dias de caminata fuerte, y no haber encontrado en todo ese tiempo alguien cercano que quisiera compartir la experiencia, no había sido posible realizar mi anhelo. Hasta ahora, que el amigo Roberto entusiasmó a Cris y Gigi con la idea, los que a su vez lo hicieron con Sergio, Molka y Dubi, la hija de ambos, y bueno pues, yo también me entusiasmé. Aquí echaré el cuento de este viaje, tratando de hacerlo breve.

El tour que contratamos y que es el que normalmente ofrecen todos los operadores se hace en 6 dias: 3 para llegar a la cima del tepuy, uno para explorar la meseta y 2 para bajar.

DIA 1.- Nos encontramos temprano en la mañana en las oficinas de Mystic Tours, donde a nuestro grupo de 7 se incorporaron 8 personas más: Linda (Australia), Gabrielle (Austria), Lucia (Brasil), Brewster (USA), Paul(Irlanda) y Maira (Brasil), y James y Louise (Inglaterra). Además de Marcos, nuestro guia . Arrancamos en 2 jeeps, paramos en una panadería a desayunar y luego seguimos por la carretera principal hacia San Francisco. En ese punto se deja la carretera principal para tomar una carretera de tierra que lleva a Paraitepuy, donde está el puesto de Inparques en el que hay que registrarse y desde donde arrancamos a caminar. El camino empieza con una bajada más o menos larga pero no muy pendiente, después sigue por una sabana ondulada con suaves pendientes, y así subiendo y bajando por unas 4 horas llegamos a Rio Tek, el cual debemos cruzar sin zapatos y en medias para no resbalar en la piedras. El método parece funcionar, y seguimos subiendo y luego volviendo a bajar por espacio de unos 40 minutos hasta llegar a Rio Kukenán, éste más caudaloso que el Tek y esta vez los porteadores son los que cruzan nuestras mochilas y nos ayudan a no perder el equilibrio. Una vez cruzado el rio llegamos al sitio de nuestra primera acampada, donde una vez que los porteadores arman las carpas y nosotros tomamos posesión de ellas, nos toca darnos un delicioso baño en el Kukenán y luego abrigarnos y esperar la deliciosa cena que nuestro guia y sus asistentes se encargan de preparar. Aprovechamos de observar una y otra vez, y no nos cansamos de éllo, las distintas vistas que nos ofrece el tepuy Kukenán y el salto del mismo nombre, que según nos informaron es el segundo más alto después del Salto Angel y tiene 600 mts. de caída.
El grupo completo en Paraitepuy minutos antes de comenzar la caminata
Yo, Roberto, Molka y Cris en una pausa. Al fondo el Kukenán


Bajando al rio Tek, no muy caudaloso en esta época del año

DIA 2.- Despertamos con buen ánimo, a pesar de la lluvia caída durante gran parte de la noche. Después de un suculento desayuno, comenzamos a caminar por un camino casi igual que el dia previo, pero esta vez la pendiente era mayor , todo el tiempo subiendo, con muchos tramos de piedras y otros con verdaderos lagos de lodo, los que debiamos pasar haciendo equilibrio sobre pequeñas piedras, no siempre con éxito, por lo que comenzó a hacerse presente algo que ya sería una constante durante todo el viaje: los zapatos mojados y los pies húmedos. Después de unas 3 horas llegamos a un sitio conocido como el Campamento Militar, donde hay indicios de que alguna vez hicieron una explanada para montar un campamento. Hoy en dia lo que queda es un montón de piedras. Cerca hay un sitio donde tomar agua. Los porteadores prepararon un almuerzo ligero y luego seguimos subiendo, siempre entre piedras y barro hasta llegar al Campo Base, donde , al igual que en Rio Kukenán, hay una pequeña choza que es usada para cocinar. Hay una toma de agua cerca, y también cerca otro pequeño rio donde hay una poza ideal para darse un baño.

Los sitios donde montar carpas estaban prácticamente todos ocupados, así que tuvimos que acomodarlas donde mejor se podía, sobre el barro. Toda el área en este sector está llena de barro y pequeños cursos de agua corren por todo lado. Estaba muy nublado y haciendo mucho frio, pero otra vez nuestros super héroes, los porteadores, nos tenian chocolate, café e inclusive té. Después de cenar hablamos pajita un rato más y luego un viento muy fuerte, húmedo y frio nos obligó a guardarnos. Esa noche dormimos tratando de acomodar el cuerpo al relieve del terreno y con frio.
Yo y James en una de las piedras en Campamento Militar
Gigi y Dubi en plena subida hacia Campo Base, con el omnipresente Kukenán de fondo

Un descanso cerca ya de Campo Base, con el Roraima al fondo oculto en gran parte por las nubes

DIA 3.- Amanece frío, húmedo pero algo despejado, por lo que por primera vez podemos observar, ya bastante cerca, la inmensa pared del Roraima. A lo lejos conseguimos ver una empinadísima subida, donde algunos excursionistas parecen subir gateando. Más allá se ven las dos caídas de agua conocidas como Las Lágrimas, debajo las cuales debemos pasar, nos informa el guía. Aparentemente luce imposible, pues la pared parece ser una sola superficie vertical sin fisuras ni grietas por donde subir. En fín, en esos momentos no se podía pensar mucho en eso sino en acondicionar lo mejor posible la carga para mantenerla lo más seca posible. Yo decidí que no me importaba mojarme yo, pero no mi mochila. Así pues después de desayunar empezamos la caminata por un sendero inundado de barro que baja hasta un río cercano. Una vez superado éste, empieza la subida, que en efecto, en muchos sitios hay que treparla aferrándose con manos y uñas. No sé si llovía o era el rocío de las caídas de agua, que por efecto del viento, llegaba hasta nosotros, lo cierto es que al rato ya estabamos empapados. Después de unas 2 horas o más de dura subida llegamos a unas piedras conocidas como El Mirador. Tomamos algunas fotos y nos dieron frutas. Desde ahí ya se veía el Salto Kukenán prácticamente a nuestra altura y a poca ditancia, Las Lágrimas. De este punto empezamos a bajar por entre piedras y grietas hasta estar prácticamente debajo de Las Lágrimas. Había que pasar pegados a la pared por un sector de piedras sueltas y resbalosas. Extremando precauciones pasamos e inmediatamente empieza una subida primero por las mismas piedras sueltas y luego entre grandes rocas negras ya típicas de la cumbre del tepuy. Después de una media hora más subiendo por fín llegamos a la cima. Cansados, mojados y fríos pero eufóricos. Encontramos un sitio más o menos abrigado donde los super porteadores nos prepararon una rica sopa que nos supo a maná.

Como era previsible por lo visto en Campo Base todos los sitios de acampada, los llamados hoteles, estaban full. Marcos, el super-guía decidió llevarnos a una caverna poco frecuentada y donde supuestamente nunca se habian montado carpas. Llegados al sitio vimos que la entrada era una estrecha garganta que se reducía en algunos sitios apenas al espacio suficiente para pasar agachaditos y encogidos. Debajo de donde pisábamos, los bordes de una grieta, se escuchaba una corriente de agua. Gigi se negó a entrar, pero la alternativa era dormir afuera, con la perspectiva de tener que soportar lluvía, viento y muchísimo frío. Convencida élla empezamos a adentrarnos en la cueva. A los pocos metros ya la oscuridad era total. Menos mal que casi todos llevaban linternas frontales. De todas maneras a Louise le dió una pequeña crisis, supongo de claustrofobia. Después de algo de llanto y consuelo de su pareja pudo calmarse y llegamos todos a una galería más o menos amplia y con algunas superficies planas donde poder instalar las carpas. Si bien quedamos protegidos del viento y la posible lluvia, no así de la humedad, que en el interior de esta caverna era extrema.

Empezando a subir desde Campo Base: Barro, lluvia, raíces y piedras

Ya se empezaban a ver cerca Las Lágrimas, bajo las cuales debiamos pasar

Otra vista del salto Kukenán, desde la altura de El Mirador



Gabrielle llegando a El Mirador.


Ahora a bajar un poco y meterse debajo de esas duchas

Parte del grupo una vez superado el paso bajo los chorros. !Que no se mojen los morrales!

Ya un poquito más arriba. Siempre pegaditos a la pared

Empapado (pero con la mochila seca) y la impresionante pared del Roraima de fondo

Solo falta subir un poquito entre esas piedras y llegaremos a la cima

Nuestra madriguera en nuestra primera noche en la cima. Empiezo a creer que somos anfibios

DIA 4.- Dia de caminar en la cima del tepuy. Previamente por sugerencia de Marcos decidimos mudarnos a otro sitio menos lóbrego. Lo hicimos rápidamente, dejamos los macundales a cargo de uno de los porteadores y salimos. Lo característico de este sitio son las extrañas formas que adoptan las rocas. Toda la superficie es de roca, excepto en pequeñas areas donde hay poco profundas acumulaciones de arena, o charcos muy lodosos. Llegamos primero al Valle del Cuarzo, donde algunos aprovecharon para curarse los chacras, o energizarse, dado la conocida energia que transmite ese tipo de piedra. Luego arribamos a los Jacuzis, especie de bañeras naturales en la roca, con fondo de cuarzo. Agua bastante fria, pero como había sol algunos decidieron tomarse un bañito. Después seguimos caminando un poco más y llegamos al Borde, una especie de mirador, tal como su nombre lo dice en el borde mismo de la pared. Felizmente por momentos las nubes se abrían y nos permitían ver la grandiosidad del paisaje: abajo, muy abajo, un verde valle surcado por algunos rios y al frente otra de las paredes del macizo Roraima. Tomamos algunas fotos, no sin ponernos nerviosillos por la proximidad del abismo. El siguiente punto del periplo es otro mirador conocido como La Ventana, en la misma pared por la cual subimos y desde donde se puede ver justo al frente el Kukenán, y abajo todo el valle que se forma entre los dos tepuyes. Finalmente el último sitio a visitar fué El Carro, el punto más alto del Roraima. Para llegar a él hay que subir entre piedras y barro como por 20 minutos, y se encuentran unas grandes piedras, algunas de éllas colgando hacia el abismo y en aparentemente precario equilibrio. Mas fotos y retorno al campamento, donde como siempre ya teniamos las carpas montadas, bebidas calientes y la cena en proceso de elaboración.

Yo junto a Cris, Sergio y Roberto en la cima del tepuy

En los Jacuzis: Que agua tan fria!!

Vista desde El Borde. Al frente, entre las nubes, otra de las paredes del Roraima

En una de las piedras de La Ventana. Ya estaba nublado. Solo por instantes se podia ver algo

En el punto más alto del tepuy. El Carro. Atrás el borde del Kukenán

SuperMarcos desafiando el vértigo en La Ventana


DIA 5.- En este dia nos tocaba bajar de la cima, llegar a Campo Base y a diferencia de la subida, seguir directo hacia el campamento de Kukenán. El dia amaneció despejado pero frio. Caminamos a buen paso desde nuestro "hotel" hacia el borde donde empieza la bajada. Después de reagruparnos empezamos a bajar entre las grandes piedras y al rato ya teniamosa la vista Las Lágrimas. Llegamos al sector de piedras sueltas y justo al acercarnos al paso bajo las caídas me doble el tobillo derecho, al pisar una piedra suelta y ésta darse la vuelta. Sentí un dolor agudo y casi no podía pisar, pero traté de no darle mucha importancia y empujado por las endorfinas del momento crucé el paso y luego subí hasta el Mirador, donde ya estaban algunos de nuestro grupo. Ahí me quité el zapato y la media y ya la hinchazón era severa. Gabrielle, en gesto inolvidable para mi, dijo que tenía una venda y ella misma a pesar de la lluvia y la incomodidad procedió a vendarme. Brewster me prestó uno de sus bastones y Linda me dió una pastilla de Ibuprofen. Por supuesto, después de parar el dolor empezó a ser mucho más intenso, pero ni modo, o seguía o seguía. La subida que la hicimos gatendo ahora me tocaba bajarla prácticamente apoyado en una sola pierna. El trayecto a Campo Base se me hizo eterno y llegué exahusto. Creo que más mental que fisicamente. Menos mal que ya los porteadores habían preparado un almuerzo caliente y eso me reanimó. Decidí continuar adelantándome algo, pensando que si salia junto con el grupo los iba a retrasar, pero como el terreno ya no era tan abrupto, cojeando y apoyándome en el bastón pude marcar un buen paso y más bien llegué antes que todos junto con Dubi. Aproveché de remojar el pie por un buen rato en el rio y luego acostarme con el pie elevado y esperar la cena



A la vista el Paso de las Lágrimas. Minutos antes de doblarme el tobillo en una de las piedras sueltas


DIA 6.- Amaneció soleado, pero mi tobillo ya parecía un melón por lo inflamado. Había a mano Dencorub, con lo que me friccioné, me vendé nuevamente otro ibuprofeno y después de desayunar comenzamos a caminar, yo esta vez sin mochila. Se la cargó uno de los porteadores. Después de cruzar trabajosamente los rios Kukenán y Tek, pensé: De aquí a Paraitepuy debo dar x cantidad de pasos, y cada uno de éllos será doloroso, vaya lento o vaya rápido; por lo tanto lo haré rápido para que el dolor dure menos tiempo. Así pues, al principio lento, pero una vez entrado en calor más rápido, caminé sin descanso hasta Paraitepuy donde llegué primero que todos. Dubi llegó a los pocos minutos y luego durante las siguientes 2 horas el resto del grupo. En Paraitepuy venden cerveza, así que a todo el que llegaba lo esperábamos con su correspondiente lata. Nunca unas cervezas supieron mejor, aunque no ayudan en nada a la inflamación, pero esa ya es otra historia.

Junto a Dubi ya en el último tramo del trayecto. El Roraima parece lejano ahora

Unas birras celebrando la llegada. Salud!!

sábado, 18 de abril de 2009

Debut, podio, Roraima, Lesión

El 20 de Marzo cumplí 55 años y por lo tanto "subí" a la categoría Master D (de 55 a 59), por lo menos en la clasificación que normalmente utilizan las carreras de calle, que llegan inclusive hasta Master F (65 a 69). En las carreras de montaña normalmente no hay un abanico tan amplio de categorías, así por ejemplo en la Avila Race había SubMaster(30 a 39), Master A (40 a 49) y Master B (50 y más). En la Ecotrekking había: A (hasta 29), B (30 a 39) y C (40 y más). No sé si hay algún organismo que regule esto a nivel nacional o internacional, pero como sea , en la primera válida del circuito de carreras de montaña de Gatorade habia esta categoría específica Master D (55 y más), y por lo tanto fué mi debut oficial en élla.

Un debut que viendo estrictamente las posiciones de llegada se podría catalogar como muy bueno: 115 (de 248) en la general y 2(de 14) en la categoría; llegada en la primera mitad del grupo y podio. Y algo más: ese segundo puesto lo arranqué en el último tramo de bajada, donde siempre más bien pierdo puestos. En esta ocasión también perdí algunos, pero cuando ví que tenía a mi lado a uno de mi categoría, pues nada, pensé como diría Jesús: nos iremos a matar. Lo pasé justo al llegar al puentecito y de ahí chola a fondo sin voltear.

Aquí con el trofeo de 2° lugar

En cuanto al tiempo en sí está en el promedio de los que he hecho en las 3 veces que corro esta carrera. Creo que perdí segundos por llegar muy ajustado de tiempo a la línea de salida y arancar frío, tenso y al final del lote, pero bueno al final me salió bien.

La semana siguiente se me fué volando entre dejar cuadradas algunas cosas del trabajo y compras y preparativos para la aventura que ibamos a emprender a partir del sábado 04/04: la ascención al Roraima. Como ninguno de los del grupo ( mi hija, su novio, y amigos de éllos) tenía experiencia en esto, decidimos contratar uno de los tantos operadores que te hacen practicable la aventura. Subimos a la cumbre del Roraima en 3 dias, caminando un promedio de 6 horas diarias. Según el Garmin son 32 Km y 3400 mts. de desnivel positivo. No parece gran cosa, pero la experiencia de estar en un sitio mágico como ese es incomparable. Creo que merece una entrada aparte en este blog. Al bajar de la cumbre pisé una piedra suelta que se dió la vuelta y me doblé el tobillo derecho. Dolor agudo, inflamación inmediata, pero allí en tan remoto lugar había que seguir, y tuve que hacerlo en esas condiciones casi por 30 km.

Primer dia de caminata. Al fondo, todavía muy lejano, pero ya imponente aparece el Roraima

Segundo dia. Ya cerca de Campo Base. Mucho más cerca, la mole inmensa del Roraima con sus sempiternas nubes


Tercer dia. Después de una fuerte subida desde Campo Base por fín estamos pegados a la pared del Roraima y se ven las dos caídas llamadas Las Lágrimas, bajo las cuales debemos pasar.


Ya superadas Las Lágrimas, solo nos queda un corto pero empinadísimo ascenso entre grandes piedras para llegar a la cima

Cuarto dia. Explorando ese extraño mundo que es la cima del tepuy


Quinto dia. Bajando de la cima. Minutos antes de doblarme el tobillo en alguna de las piedras sueltas

Y aquí estoy ahora tratando de guardar reposo y con la nada agradable perspectiva de estar inactivo, en cuanto a ejercitar, por lo menos un mes.

viernes, 20 de marzo de 2009

21k en el Jarillo

El Domingo próximo será la carrera llamada Ecotrekking del Jarillo. En esta ocasión se hará en 3 modalidades: 21k, 10k y 5k por lo que creo más personas respondieron a la convocatoria. Más de 300 personas tomarán la largada. Este es un buen número considerando que se realiza en las afueras de Caracas, es una carrera de montaña y tiene un costo de inscripción más elevado (más del doble) que otras.

Creo que nosotros los corredores deberíamos alentar este tipo de eventos, y la forma que tenemos de hacerlo es participando. A medida que suba el número de participantes el evento podrá hacerse más grande y mejor. Felizmente esta carrera se va consolidando dentro del calendario anual y esperemos que siga creciendo. Puntos positivos que tiene a favor: ya tiene una página WEB consolidada dentro de Retos.info, un nutrido grupo de amigos en Facebook, experiencia cada vez mayor de parte de los organizadores, un sitio maravilloso donde se realiza el evento, el pueblo del Jarillo y sus alrededores y el Parque Macarao, varios patrocinantes comprometidos y que esperamos haya más.

El año pasado corrí una de las 2 carreras que hicieron: la de 21k. Junto con esta se hizo la de 42k por equipos. Ninguna queja con respecto a la organización. La prueba fué bastante dura. Después de una corta subida en cemento al comienzo, venía una laaarga bajada por un camino de tierra, que según la organización eran algo así como 6k y que llegaba hasta el cauce de un pequeño río en el fondo del valle. Esta bajada, al ser de pendiente más o menos constante, bastante pronunciada, invitaba a darse con todo y así lo hice, con lo que logré lastimarme las puntas de los dedos que quedaron morados. Luego venía un tramo como de 1.5k por el cauce del rio, constantemente habia que atravesarlo a uno y otro lado, lo que logró llenarme de agua y arena los zapatos. Para salir del cauce del rio había que subir por una pica bastante abrupta de unos 800 metros, hasta alcanzar otro camino para vehículos rústicos, que esta vez subía y subía y subía, hasta alcanzar la carretera de cemento del inicio y bajar al pueblo. Como la carrera se largó pasadas las 10 de la mañana toda esta subida se hizo bajo un sol abrasador que afectó a muchos corredores. Mi tiempo creo que fué 2h 30' y creo que hice un puesto 14. No habían categorías por edades.

La del Domingo próximo, por la poca información que hay de la ruta, creo que no será tan dura. La organización la califica de moderada a fácil. Ya veremos.

En esta ocasión el asunto será medio familiar. Mi hija y el novio correrán en los 5k. Espero que disfruten la experiencia de las carreras sobre tierra y se enganchen.

Mucho aire y algunas sombras

Hace ya varios dias que terminé de leer El Libro del Aire y de las Sombras de Michael Gruber.

No es lo mejor que leí, pero es un thiller en principio bien construído en torno a 3 personajes: Jake Mishkin, un abogado especializado en propiedad intelectual; Albert Rosseti, un joven aspirante a director de películas y Richard Bracegirdle un soldado inglés del siglo XVII, al que se le encargó espiar a Shakespeare y escribió unas cartas y un códice que, descubiertos accidentalmente dan lugar a la busqueda de un supuesto manuscrito de una obra inédita del autor inglés.

Las cartas son vendidas a un experto, quien a fin de obtener fondos para poder efectuar la autenticación de ellas y emprender la búsqueda del incalculable tesoro que sería una obra inédita y la única escrita de puño y letra por Shakespeare, recurre a la mafia rusa. Este experto es misteriosamente asesinado y son Rosseti y Mishkin los que emprenden la búsqueda, presionados y chantajeados por la mafia. No falta una que otra escena erótica-romántica, persecuciones, balaceras, datos sobre códigos y codificaciones, sobre libros y libreros, sobre restauradores, falsificadores,etc. Finalmente se llega a un desenlace poco convincente.

Diría que está en la misma onda que El Código da Vinci. Tal vez un poco mejor escrito, pero con los mismos defectos. Leí en algún lado que el único mérito de este último libro fué hacer que muchísimas personas leyeran algún libro. Si sólo se leen esta clase de libros, el mérito es dudoso. Más de 500 páginas son muchas para esta clase de libros, y eso que a mí me encantan las novelas largas. Gozo un mundo con esas novelas de largo aliento como por ejemplo La Guerra del Fin del Mundo de Vargas Llosa, más de 600 páginas; La Vida Exagerada de Martín Romaña de Bryce Echenique, casi 700 páginas y, claro que sí, la monumental 2666 de Bolaños, más de 1000 páginas. Pero estamos hablando de dos tipos distintos de escritores. Evidentemente mis preferencias van por estos últimos

sábado, 7 de marzo de 2009

Demasiado viejo para hacer records?




El domingo pasado corrí la Avila Race (bueno, es un decir, porque acaso habré corrido unos 200 metros y el resto la hice caminando). Hice un tiempo de 1h 21'con el cual estoy muy satisfecho, pues constituye un record personal. Mi mejor tiempo anterior era de 1h 24'.

Tenía mucho tiempo que no podía mejorar ningún tiempo en ninguna clase de carrera. Mas bien en los últimos años todos mis tiempos iban desmejorando. Mi record personal en 10k es 40',logrado a la edad de 44, hace ya 11 años. A partir de allí ese tiempo se fue haciendo cada vez mayor hasta que hace cosa de 4 años más o menos llegué a promediar 52' a 54'. Lo mismo con las media maratón: mi record es de 1h 32' y fué empeorando hasta casi 2 horas y en algún momento ya no quise correr esa distancia. La maratón la corrí 4 veces a la edad de 38, 40, 41 y 43, cuando hice mi mejor tiempo: 3h 20'. Desde entonces no volví a correr esa distancia. Claro, no solo era por la edad si no también porque a raíz de algunas lesiones leves y por cuestiones del trabajo estaba entrenando muchísimo menos (en volumen y en calidad).

Hará cosa de 3 años me dije que no podía dejarme doblegar por la edad y la flojera y traté de reanudar alguna rutina de entrenamiento. Sin mucho volumen, pero siempre tratando de cumplir con lo básico: una sesión de intervalos en la semana, otra de "tempo" y otra de resistencia (los largos). Una clase de spinning los días que dispongo de poco tiempo y alguna salida en bicicleta sobre todo subiendo colinas. Así pues empecé a bajar tiempos en 10k: primero 5o', luego ya logré 48' y el año pasado hice 47' en alguna de las válidas del circuito gatorade. Espero llegar a 46´ y luego la lucha será por mantenerme ahí. También el año pasado me animé con la media: corrí 2 y ambas las hice en 1h 44', tiempo que es mejor que el que hice la primera vez que corrí esa distancia hace como 20 años (fueron 1h 45'). También empecé a correr las carreras de montaña del circuito Gatorade y el año pasado en la 2a. válida hice un podio absolutamente inesperado, un tercer lugar en la categoría Master C, que más que por mérito mio fué porque por alguna razón los mejores de la categoría no estaban inscritos. Pero podio es podio .

Así pues, el resultado del Domingo pasado es muy satisfactorio porque a la edad de 55 creo que es difícil eso de estar estableciendo records personales, y eso me anima a seguir entrenando incluso con más ganas, siempre que las lesiones no se hagan presentes. Felizmente ya uno conoce tanto su cuerpo y sus alarmas que se sabe cuando bajar el volumen, cambiar la rutina o parar del todo por un tiempo. Mi próximo reto es volver a correr los 42k.